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En #artistasennovelas coleccionamos aquellas novelas donde el protagonista es un artista, o la trama está relacionada con las artes.
Recomendado 1080x1080En los albores de 1474, un joven caballero español recala en una modesta pensión de la ciudad de Florencia. Su intención es viajar en secreto a Venecia y embarcarse rumbo a Rodas, adonde lleva una carta para el gran maestre de los hospitalarios. Sin embargo, es descubierto por el poderoso clan Medici, y el encuentro trastorna sus propósitos. Una vez entregada la carta, emprenderá un azaroso periplo por tierras otomanas, en busca de un antiguo tratado hermético que cifra las claves para dominar el cosmos. Los Medici le han encargado además un pigmento azul que el maestro Sandro Botticelli precisa para pintar los ojos de la Simonetta Vespucci, la legendaria modelo de sus cuadros. El viajero ha quedado prendado de la bella florentina. Y en su empeño por cumplir con la misión, descubrirá que ha puesto en peligro no sólo su vida sino su alma.

 

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Publio Ovidio Nasón, poeta romano, (43 a.c.-17 d.c.), recoge en su obra en verso, “Las metamorfosis”, relatos mitológicos procedentes del mundo griego y adaptados a la cultura latina de su época. De entre ellos recordamos aquí el mito de Pigmalión y Galatea, historia que atraviesa el tiempo y en diferentes versiones o vueltas de tuerca remite al vínculo estrecho entre el artista y su obra. Pigmalión, rey de Chipre, buscaba desde hacía tiempo una esposa que se correspondiera con su idea de mujer perfecta. Fue así que, con un arte verdaderamente milagroso, esculpió en marfil una forma femenina con la que ninguna mujer podría haber nacido. Enamorado de su creación la colma de obsequios, la viste, la adorna, la nombra Galatea. Chipre fue un importante centro del culto a Venus y en una de las tantas fiestas que en su honor se realizaban, Pigmalión, luego de sus ofrendas, rogó a la diosa que diera vida a su obra. Generosa y agradecida por sus votos, Venus accedió y ya de regreso encontró Pigmalión que su figura de marfil cobraba vida al contacto de sus labios. La historia de Pigmalión ha sido ampliamente transmitida y representada en las artes a través de los siglos. Variaciones de la misma pueden reconocerse en “Pinocho”, “Pigmalión” de Bernard Shaw, el mismo “Frankenstein” o el capítulo “Pigmoelion” de Los Simpson.

Recomendado 1080x1080 (8)Brasil,1978. Augusto Seara, un marchand de arte de Sao Paulo, recibe el encargo de recuperar y poner a la venta una serie de cuadros. El autor de los mismos, el artista italiano Marco Belluci, se ha suicidado veinte años atrás y por deseo de su viuda, Amapola, su obra quedó almacenada durante todo ese tiempo en la casa de campo en la que vivieron. Seara y su asistente Zeca viajan hasta la remota hacienda para organizar el traslado de los cuadros. El interés profesional de Seara, la posibilidad de ver por primera vez la obra de un pintor talentoso, que nadie más ha contemplado antes, se presenta como una oportunidad única que lo entusiasma. El hecho de poder hacerlo en el propio atelier del pintor, el lugar donde se ha inspirado la obra y conociendo además, el trágico final de la historia, aumentan la expectativa que envuelve la visita del marchand y su ayudante. La estadía en la hacienda será para Seara y Zeca “…un aprendizaje: vas a ver los cuadros de Marco Belucci en su hábitat natural. Fueron concebidos aquí. Sus colores, su alma, sus misterios están aquí, en este lugar. Se aprende mucho sobre un pintor cuando se conoce su estudio. Es muy diferente de ver un cuadro en una galería.” Pag. 23. Seara introduce en estas breves líneas el tema del lenguaje del artista y la interpretación de su obra. Cuando hablamos de lenguaje artístico nos referimos a los códigos comunicativos que un artista usa para transmitir su mensaje. Si bien parte de ese mensaje es estético, no debemos olvidar que también debe provocar sentimientos, reflexión y una posible interpretación por parte del receptor. De allí la importancia, para los visitantes, de poder ver la obra de Belucci en su propio estudio. “…alineadas en las paredes del estudio, cuelgan numerosas obras que Marco Belucci ha pintado en Brasil. Entre rostros angustiados de mujeres de ojos vacíos y risas escarnecedoras, destaca la figura de Amapola, repetida muchas veces. Hermosa, triste, adormecida, ámbar, con alas, privada de la boca, de las manos, de los ojos, azul y carmesí; son tantas Amapolas suspendidas en el aire, un sinfín de ellas. Marco Belucci rodea el caballete y camina por la buhardilla abarrotada de cuadros y telas guardadas en tubos. Ha pintado todos esos retratos, el horror y la pasión están allí. Todos los miedos, los secretos de su pasado, el pecado que cometió, el más terrible pecado, el más perenne, todo se ve en aquellas telas, si se observan con ojos atentos, los auténticos ojos que saben percibir las señales soterradas. Su vida codificada en colores, trazos, matices. Su diario, su tarot.” Pag. 14. La obra de Belucci desplegada en su estudio habla de un amor intenso por su esposa, pero también de una historia, un secreto que ha permanecido oculto. El lenguaje artístico tiene una particularidad frente al resto de los mensajes que hace que sea algo más complicado, no siempre el artista y quienes contemplan su obra comparten códigos similares para interpretarla en un mismo sentido. Sin duda, la palabra es el lenguaje comunicativo más potente del que dispone cualquier persona, y pese a su arte incuestionable, Belucci recurrirá finalmente a la palabra para contar su historia. Cuando el primer cuadro es desembalado, Seara descubre un texto oculto en su parte posterior. En realidad, cada lienzo esconde un escrito del artista que llevará, finalmente, a conocer la trama de su vida. “En el reverso de la tela no había tan solo una fecha, sino un texto entero, escrito en italiano con letra ansiosa y proporcionada, de vocales redondas, angustiada, una letra que era un animal acorralado que huía, se escondía y volvía a aparecer, a veces como negros borrones, a veces bien dibujada y delineada por el trazo elegante del pincel: era la transcripción de una voz que contaba cosas olvidadas en el tiempo, tal vez jamás oídas, tal vez jamás imaginadas” pag. 37

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La expresión “pinturas del mundo flotante”, presente en el título, remite al término Ukiyo-e, género artístico gráfico japonés, muy popular, desarrollado desde el siglo XVII al XX por medio de la xilografía o técnica de grabado en madera. Se trata de la “estampa japonesa” que se empezó a conocer en Europa a mediados del siglo XIX, causando un gran impacto en el mundo artístico, que por esa época también estaba en plena ebullición con los impresionistas. El eje de l a historia es el siguiente: la Segunda Guerra Mundial ha terminado y Japón comienza a levantarse de entre sus cenizas. En los meses que van desde octubre de 1948 a junio de 1950, el tiempo que media entre el comienzo de las negociaciones para casar a una hija y el matrimonio, Ono, un anciano pintor, recuerda su vida y reflexiona sobre su carrera artística, en un intento por comprender una realidad cada día más ajena

 

 

 

Recomendado 1080x1080 (7) El túnel, escrita por Ernesto Sábato, se publicó por primera vez en 1948 y su protagonista es un pintor llamado Juan Pablo Castel. La historia se centra en la relación que establece el artista Juan Pablo con María. Todo comienza en medio de una muestra que realiza Juan Pablo, en la que observa que María es la única que percibe una escena marginal dentro de una de sus obras llamada Maternidad. Ese pequeño hecho (el que María le preste atención a esa escena), hace que Castel se enamore y se obsesione con ella, y que lo lleve a sentir que María es la única que lo puede comprender. El final de la relación, es el principio de la novela: Juan Pablo la mata clavándole un cuchillo. Por eso es interesante leer toda la novela y ver todos los pensamientos que llevan al pintor a tomar esa decisión. Las distintas tapas de las ediciones hacen referencia a distintas situaciones de la novela: la primera, de Cátedra, hace referencia a la imagen pintada por Castel y que sólo observa María. La segunda, de Seix Barral, hace referencia a la carta que Castel le envía a María, pero después se arrepiente. Por último, la tercer tapa muestra una composición de pinceles junto al arma asesina. Ya en la cárcel, Castel reflexiona… “Sólo existió un ser que entendía mi pintura…”.